sábado, 12 de mayo de 2012

EL CONTE VERDE Y LA PRIMERA COPA DEL MUNDO EN MONTEVIDEO


1930 PRIMER  CAMPEONATO MUNDIAL DE FUTBOL SE LLEVA ADELANTE EN URUGUAY.


Los dos títulos olímpicos obtenidos por la selección de fútbol de Uruguay en París 1924, y en Amsterdam 1928, la convirtieron en una de las potencias futbolísticas a lo largo de la década de los años 20'. En 1929 , en el congreso de la FIFA, en Barcelona, y gracias a Jules Rimet ( http://es.wikipedia.org/wiki/Jules_Rimet ) se concede a Uruguay el privilegio de organizar el primer campeonato mundial de fútbol. 
Así pues Uruguay , confiada en su imbatibilidad se dispuso a la preparación del torneo con gran efusividad y meticulosidad.


AUSENCIAS A ÚLTIMA HORA
Definitivamente, Uruguay fue la sede de la primera Copa del Mundo de fútbol, aunque la mayor parte de los países que habían manifestado tanto entusiasmo en el Congreso de Barcelona un año antes se echaron atrás ante lo que consideraban como una aventura, especialmente por la duración del viaje a través del Atlántico. 
Francia adujo la imposibilidad de hallar catorce o quince jugadores capaces de representar dignamente a su fútbol y que pudiesen gozar de las seis semanas de vacaciones necesarias para participar en el torneo mundial. Fue precisa toda la habilidad dialéctica del propio Jules Rimet para convencer personalmente a jugadores y directivos de que no se podía abandonar una empresa en la que Francia, representada por él mismo, había tenido tanto empeño en su creación y puesta en marcha. 
En la ausencia de España tuvo un peso determinante el informe del seleccionador José María Mateos, que consideraba el viaje a Montevideo impracticable por tres razones fundamentales: por un lado, el perjuicio económico que causaría a los clubs de los que se escogiesen jugadores; por otro lado, la imposibilidad de una concentración tranquila en suelo uruguayo, debido a los previsibles agasajos de que serían objeto; y, finalmente, por el cansancio del mismo Campeonato y del viaje de vuelta, que obligaría a retrasar los campeonatos regionales o a prescindir, en los primeros encuentros, de los jugadores seleccionados, se optó, pues, por no participar. 
Finalmente, pues, sólo cuatro equipos europeos tuvieron la valentía de afrontar una expedición que, en su momento, todos, a excepción de los británicos, habían aprobado; fueron Bélgica, Yugoslavia, Rumania y Francia.
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EL CONTE VERDE EL BARCO DE GARDEL Y DE LA PRIMERA COPA DEL MUNDO .


 SS Conte Verde era el nombre de la embarcación que llevó a Montevideo a 5 seleccionados, una terna de árbitros, el presidente de la FIFA y la Copa del Mundo. Alrededor de ese viaje se escribieron varias historias que no pasaron inadvertidas gracias al fútbol. 
 En el año 1923 la compañía Lloyd Sabaudo, adquiría un navío de lujo para unir los puertos de Génova y de Nueva York. 
Pocos años después la línea se amplió y el SS Conte Verde ya no sólo iba a Norteamérica, sino que también comenzó a mirar al Sur. En uno de sus viajes trasladó el desde Francia cuerpo del escritor argentino Ricardo Güiraldes, acompañado nada más ni nada menos que por Carlos Gardel. 
El 18 de junio de 1930 el SS Conte Verde hizo, tal vez, su viaje más especial. Jules Rimet se había encargado de convencer a cuatro selecciones europeas de viajar al Mundial en Uruguay y había que trasladarlas hasta Montevideo. 
Los yugoslavos no eran problema, porque partirían desde el puerto de Marsella en el SS Florida y junto a ellos irían los egipcios. 
Pero los africanos llegaron tarde y se tuvieron que volver a Alexandría. En el puerto de Villefranche-sur-Mer, Rimet esperaba con ansias la llegada del barco. 
Había partido del puerto de Génova hacía unas horas y en la terminal se habían subido los rumanos, que fueron a la Copa gracias a todo lo que se movió el Rey Carol. 

DE CÓMO PARTICIPO RUMANIA EN EL CAMPEONATO

                                     RUMANÍA 1930
El Rey rumano tenía poca popularidad de la buena en su país. Durante la Primera Guerra Mundial desertó del ejército y se escapó con una amante, Ioana Lambrino, que era hija de un General. Tuvieron un hijo (el Príncipe Mircea) y tras el escándalo los separaron. Al año siguiente Carol se casó con la Princesa Eleni de Grecia y en 1921 tuvieron a su hijo, el Príncipe Mihali. 
Pero Carol seguía escapándose para encontrarse con sus amantes, entre ellas el amor de su vida, Magda Lupescu, por la quien abdicó a la corona. 
Magda era una apasionada de los deportes y le contagió el gustito a Carol. Por eso no le fue difícil a Rimet convencerlo para que lleve a su selección a Uruguay y además le venía bien levantar un poquito la popularidad con sus súbditos, interfiriendo en el juego que tanto apasionaba a su pueblo. 
En junio de 1930 volvió al sillón real, llamó al experimentado Costel Radulescu y se encargó de conseguir los jugadores para la selección. 
Los rumanos eran bien amateurs. Trabajaban para ganarse el sustento (la mayoría en una petrolera inglesa) y además jugaban al fútbol. Carol se encargó de buscar a los mejores jugadores y convenció a sus patrones para que le cubrieran su puesto de trabajo durante 3 meses. A cambio, él mismo se encargaría de sus salarios. También le organizó una gran fiesta de despedida antes de que se fueran para Génova a abordar el SS Conte Verde. Junto a ellos subió un coro rumano que estaba de gira.

EL CONTE VERDE SIGUE SU VIAJE


 Una vez en Puerto de Villefranche-sur-Mer abordaron la selección de Francia, dos árbitros mundialistas (Thomas Balway y Henri Christophe) y Jules Rimet con su hija y la Copa creada por el escultor francés Albert Lafleur. Sólo faltaba Bélgica. El 20 de junio la embarcación llegó a Barcelona donde estaban esperando los belgas, que habían viajado tren desde Bruselas, sumándose al resto de las delegaciones. 
También subió el árbitro más experimentado, John Langenus, que sería el encargado de dirigir los partidos más importantes. Rimet se aseguraba así que el Mundial tuviera participantes del viejo continente. 
En la cubierta de la lujosa embarcación había turnos para que los jugadores hicieran ejercicios durante los 15 días de la travesía y no perdieran el estado atlético. Los más pibes, como Lucien Laurent, se entretenían pateando una boina rellena con papeles. 
Nadie se perdió la típica fiesta cuando la embarcación cruzó el paralelo del Ecuador. Ni siquiera los pasajeros de la clase económica, que por poco dinero viajaban con comodidades absolutas, incluyendo agua corriente. 

Se pasaba del verano europeo al invierno sudamericano (muy cruel y duro, según la excusa que pusieron los italianos para el faltazo), y eso era una buena excusa para el festejo. 
El coro rumano también entretenía a los jugadores con sus angelicales voces y cualquier otra cosa divertida era buena para hacer pasar el tiempo que tras eternos once días, arribó a Rio de Janeiro, para que subiera la selección brasileña. 
Aún quedaban cinco jornadas más de viaje antes de llegar a Montevideo el 4 de julio. 


Uno de los pasajeros tuvo una triste noticia al bajar de la embarcación. Un vocero se acercó al árbitro francés y le dijo: “Señor Balway, lamento informarle que ayer ha fallecido su esposa”. El devastador mensaje no desalentó al francés que se quedó, con una gran tristeza, a dirigir en la Primera Copa. 

LLEGADA A MONTEVIDEO:


                          J.Rimet llega a Montevideo
               
Finalmente, el 5 de julio de 1930, el trasatlántico italiano Conte Verde entró en el puerto de Montevideo en medio de una enorme expectación derivada de la curiosidad de ver a futbolistas llegados de tan lejos para enfrentarse a los favoritos sudamericanos en esta primera confrontación de ámbito mundial. 
Desembarcaron los equipos de Brasil, Rumania, Francia y Bélgica a los que pronto se unió Yugoslavia, que hizo el viaje a bordo del Florida, un paquebote algo más lento. 
En Montevideo acogió a la expedición europea un clima dulce y el cariño de toda la población. 
Los jugadores fueron bien alojados y alimentados, y los directivos, encabezados por Rimet, se vieron en la obligación de asistir a los principales actos conmemorativos del centenario de la Constitución uruguaya como invitados de las máximas autoridades de la nación. Por cierto que los equipos americanos en general y el uruguayo en particular fueron sometidos, desde su primer día de estancia en Montevideo, a severas reglas de concentración. 
Los jugadores uruguayos, alojados en un excelente hotel, tenían solamente unas horas determinadas para salir de él; el portero de la selección que había logrado los títulos olímpicos en París (1924) y Amsterdam (1928), Mazzali, decidió una noche eludir la vigilancia y pasar unas horas en su casa, pero, descubierto a la mañana siguiente cuando regresaba, fue excluido del equipo a favor del segundo meta, Ballesteros. 

LOS GRUPOS
Grupo I: Argentina, Chile, Francia y México Grupo II: Bolivia, Brasil y Yugoslavia Grupo III: Perú, Rumania y Uruguay Grupo IV: Bélgica, Estados Unidos y Paraguay.

UN ESTADIO SIN TERMINAR:

 

Sólo una sombra en una organización casi perfecta: el estadio Centenario, la instalación deportiva para 80.000 espectadores que Uruguay quiso construir en un tiempo récord de ocho meses para albergar la Copa del Mundo, todavía no estaba terminado en sus últimos detalles debido a que los trabajos fueron frenados por trece semanas de lluvias casi continuas y los primeros partidos tuvieron que jugarse en Pocitos, el campo del Peñarol, y en el Parque Central, feudo del Nacional. 
Hay que reconocer, sin embargo, que hubo muy poco tiempo para maniobrar desde el momento de la elección de Montevideo como sede del Mundial y que el hecho de tener prácticamente listo el estadio en sólo ocho meses era en sí ya una proeza. 
El costo total de las obras fue de un millón y medio de dólares.

INAUGURACIÓN DEL CAMPEONATO

Finalmente, ante una enorme expectación, el 13 de julio se inauguró el torneo con el encuentro Francia-México, correspondiente al grupo I. 
El partido finalizó con una cómoda victoria del equipo galo por 4-1 y entró en la historia de los Mundiales no sólo por haber sido el primero, sino porque el jugador Lucien Laurent, medio ala izquierda de los franceses, consiguió el primer gol del Campeonato a los diez minutos del choque; curiosamente este jugador terminó el partido como portero debido a una lesión del titular Thépot, encajando el único gol logrado por los mexicanos. 
Los aztecas terminarían como empezaron: sin lograr un solo punto.

URUGUAY Y ARGENTINA, CAMINO DE LA FINAL
Uruguay alcanzó también las semifinales tras sendas victorias contra Perú (1-0) y Rumania (4-0), marcando su primer gol en este último encuentro el delantero Pedro Cea, que, al final, se convertiría en el segundo mejor realizador detrás del argentino Stábile. Precisamente el partido Uruguay-Perú, jugado el 18 de julio, día de la fiesta nacional uruguaya, sirvió para la fastuosa inauguración del estadio Centenario ante la presencia de las principales autoridades de la nación, encabezadas por su presidente, el doctor Juan Campístegui; el público, ansioso por asistir a este encuentro, llegó al estadio y se encontró una multitud que, no habiendo podido adquirir localidades, invadía literalmente los graderíos tras haber destrozado algunas puertas, aunque no hubo desgracias personales.
Por su parte, Yugoslavia fue el mejor de los cuatro equipos europeos presentes en la competición y accedió a las semifinales a través de una victoria difícil ante Brasil (2-1) y una fácil ante Bolivia (4-0). En el conjunto yugoslavo destacaron Beck y Stefanovic –ambos jugadores en la liga francesa y el segundo reciente ganador de la Copa gala en las filas del FC Séte- y Sekoulic, ganador tambien de la copa francesa con el Montpellier.
Finalmente, en el grupo IV, sorprendió el buen fútbol practicado por los Estados Unidos, fáciles vencedores de Bélgica y Paraguay por idéntico resultado de 3-0. Los belgas, que no marcaron ningún gol en sus dos encuentros y encajaron cuatro, se arrepintieron de haber dejado marchar a su gran figura, Raymond Braine, pocos meses antes del torneo; Braine fue acusado de profesionalismo en su país y, amargado, se expatrió a Checoslovaquia, donde se convirtió en el jugador más destacado del Sparta de Praga.

LAS SEMIFINALES

Las semifinales se disputaron cuatro días después de acabar la fase de clasificación, para proporcionar un buen descanso a los cuatro equipos supervivientes. El último de los representantes europeos todavía en liza, Yugoslavia, no ofreció una resistencia seria a su oponente, Uruguay. El 27 de julio, en el estadio Centenario lleno a rebosar, Sekoulic dio unos momentos de ilusión a la expedición de su país y un sobresalto a los espectadores marcando un espléndido gol en el minuto cuatro del partido. Lamentablemente para su equipo, la réplica uruguaya fue terrible: tres goles de Cea, dos de Anselmo y uno de Iriarte dieron fin a la aventura europea en este primer Mundial.
Seis a uno fue igualmente el resultado que, un día antes, Argentina infligió a los Estados Unidos, que no habían dudado en construir la base de su equipo alrededor de varios veteranos profesionales escoceses – entre ellos destacaban Wood, Gallacher, Brown y Mac Ghee-, volviendo a utilizar una fórmula que había dado un resultado excelente ante Bélgica en la fase de clasificación. Los belgas, no se conoce por que razones, se habían privado voluntariamente de sus dos mejores elementos, Bastin y Van Halme, pero ante Argentina al completo los norteamericanos no podían pensar en la victoria. Un gol de Monti abrió el camino hacia la red del portero Douglas; camino que Scopelli, Stábile (2) y Peucelle (2) aprovecharon para redondear el resultado hasta media docena de goles. El extremo escocés James Brown marcó el gol del honor del equipo yanqui.

LA FINAL: URUGUAY SALVA "SU" MUNDIAL

La final Uruguay-Argentina – reedición de la de los Juegos Olímpicos de Amsterdam dos años antes, que habían ganado los uruguayos- fue la que todo el Río de la Plata esperaba desde el momento en que Montevideo asumió la organización de la Copa. Decenas de miles de espectadores abarrotaban los amplios graderíos del estadio Centenario el 30 de julio, día de esta cita culminante del fútbol mundial. Entre ellos se incluían 15.000 argentinos de los 30.000 que habían desembarcado en Montevideo, tras cruzar el río en multitud de embarcaciones de todo tipo, y habían invadido las tranquilas calles de la capital gritando ¡ Argentina sí! ¡ Uruguay no! Y ¡ Victoria o muerte!, entre otros slogans.

 



CURIOSIDADES EN TORNO A LA FINAL

Vario accidentes tragicómicos marcaron aquellas "patrióticas" travesías del Río de la Plata.
Algunas embarcaciones tuvieron que detenerse en plena noche debido a la niebla y cuando llegaron a los muelles el partido ya había terminado. Por otro lado, la mayoría de los espectadores argentinos llegaron al estadio afónicos y ateridos, debido a los gritos y a la travesía nocturna en barco, después de haber sido cacheados por los aduaneros y policías que tenían la orden de que "ni un solo revólver argentino debe entrar en Uruguay".
Para que la mayoría de los aficionados argentinos pudiera cruzar el Río de la Plata durante la noche previa a la final, Argentina había solicitado embarcaciones al gobierno de Uruguay, aunque este, a la hora de la verdad, sólo puso diez a su disposición; como el número era insuficiente, los aficionados solicitaron más y el gobierno argentino tuvo que esforzarse en encontrar el mayor número posible para que un buen contingente de compatriotas pudiera animar a su selección en el partido decisivo.
Esta situación aconsejó al árbitro de la final, el afamado colegiado belga John Langenus, que ejercía también como periodista en el semanario alemán Kicker, exigir precauciones policiales excepcionales, justificadas por el nerviosismo de la masa, que tomó al asalto el estadio, y por la controversia suscitada por los argentinos a propósito de la elección del balón. Resulta que cada equipo quería jugar la final con su propio balón, aduciendo Uruguay como argumento de peso que el encuentro se jugaba en terreno propio y por tanto era lógico que la pelota fuera también propia. John Langenus resolvió las diferencias penetrando en el terreno de juego con un balón de cada equipo y decidiendo, mediante el lanzamiento de una moneda al aire, cuál era la pelota con la que se jugaría. La suerte favoreció a los argentinos. Hay que precisar, finalmente, que Langenus no fue autorizado a dirigir la final hasta mediodía, tres horas antes de empezar el partido, después de que una delegación de dirigentes europeos hubiera obtenido garantías de los organizadores sobre su seguridad personal.
Después de jugarse la final sin que su integridad física peligrara en ningún momento, el árbitro belga salió del estadio protegido por la policía y se hizo llevar al puerto para embarcar en el transatlántico Duilio de regreso a Europa.

LA "CELESTE" GANA LA I COPA DEL MUNDO


A pesar de los presagios, el partido se desarrolló sin grandes incidentes, aunque en el descanso los argentinos dominaban por 2 a 1, gracias a sendos goles de Peucelle (20 minutos) y Stábile, que habían superado el hándicap inicial del gol logrado por el extremo derecha local Dorado en el minuto 12; Nasazzi, el capitán de la formación uruguaya, protestó violentamente la legalidad del segundo tanto argentino, pretendiendo que Stábile había arrancado en posición de fuera de juego; los espectadores uruguayos apoyaron ruidosamente durante unos minutos las exigencias de su jugador antes de volver a la tranquilidad. Diez minutos después de la reanudación del encuentro, Pedro Cea logró igualar el marcador, culminando una extraordinaria jugada individual; y, entre el entusiasmo general, tras una jugada iniciada por el defensa Mascheroni y continuada por Héctor Scarone, el extremo izquierda uruguayo Iriarte puso a su equipo en ventaja (3-2 a los 68 minutos); finalmente, Héctor Castro, apodado "el Manco" porque había perdido su mano derecha en un accidente, consolidó la victoria con el definitivo 4-2.
Los jugadores argentinos aceptaron deportivamente la derrota, alineándose con sus vencedores ante la Torre de los Homenajes que domina el estadio y asistiendo al traspaso de la estatuilla de oro de las manos de Jules Rimet a las del victorioso capitan Nasazzi. Por su parte, si en un primer momento los espectadores argentinos no reprimieron su mal humor ante la evidencia de haber fallado una vez mas en un torneo mundial, lanzando al terreno de juego cuantos objetos tenían a su alcance, luego se sumaron al homenaje a unos vencedores justos. La aportación del calor y el animo de los espectadores argentinos a su selección fue comentada posteriormente por Luis Monti, lamentando que no hubieran podido llegar a Montevideo, y concretamente al estadio, mas compatriotas: "Nos faltó el apoyo de millares de argentinos que no pudieron llegar a tiempo porque la niebla retrasó la llegada de los barcos fletados para acudir a Montevideo".

EL "DECLIVE" URUGUAYO

El equipo uruguayo, ganador incontestable, no mostró la autoridad y la categoría exhibidas en sus dos anteriores triunfos olímpicos de París y Amsterdam. Scarone, Cea, Andrade y Nasazzi, que integraron la base del equipo, habían envejecido y el viento de la derrota había soplado sobre la invencible "celeste" durante todo el primer tiempo de aquella primera final mundial; aun asi, Cea, jugando como interior izquierdo, logro a la postre convertirse en el segundo artillero del torneo en lugar de Petrone, que ocupaba el puesto del clásico delantero centro goleador. Sólo gracias a una voluntad superior y a la ventaja ofrecida por el terreno propio, se había podido colmar la desventaja del marcador en un segundo tiempo arrollador.
Pero muchos comenzaron a pensar que la supremacía uruguaya se había vuelto muy precaria.
A pesar de ello la "celeste" llego a la final del torneo no solo contando como victoria cada uno de sus partidos, sino que se mostró como el conjunto mas regular de la competición, con quince goles marcados (cifra sólo inferior a la de Argentina, que jugó un encuentro mas) y solo tres encajados.
Curiosamente esta primera edición de la Copa del Mundo fue la única que no se registraron empates: los 18 partidos del torneo representaron otras tantas victorias y derrotas. También por primera y única vez, la fase final no estuvo precedida de eliminatorias previas y se jugo exclusivamente en una sola ciudad.

RUPTURA FUTBOLISTICA (UNA PELEA DE HERMANOS)

                    Cuando los hermanos se pelean siempre hay un papá que los une.

Fuera del terreno de juego, en la calle, donde todo Montevideo festejó la victoria de su equipo –festejos que se prolongaron el día siguiente de la final al ser proclamado oficialmente fiesta nacional-, y en el puerto, donde la sirena de los barcos pusieron un contrapunto al clamor popular, la alegría de la mayoría chocó con el despecho de los que habían acudido desde la otra orilla del Río de la Plata esperando el triunfo de sus colores.
Los aficionados argentinos acusaron a los jugadores uruguayos de brutalidad y juego sucio y al árbitro de parcialidad por haber permitido toda clase de excesos antideportivos en el encuentro final. Estas acusaciones, alimentadas por la fantasía popular y por el disgusto de la derrota, franquearon rápidamente el Río de la Plata y en Buenos Aires la policía se vio obligada a disparar contra una manifestación que intentó asaltar la embajada uruguaya en aquella ciudad. Estos incidentes provocaron la ruptura de relaciones entre las federaciones futbolísticas de ambos países y estuvieron cerca de romper también las diplomáticas.

EL FIN DEL CONTE VERDE:
Uno de los marineros responsables del hundimiento del Conte Verde

 De alguna manera responsable por el suceso de la primera Copa Mundial de la FIFA (Rimet le repetía constantemente al Capitán que el barco iba a ser recordado por llevar la Copa), el SS Conte Verde siguió extendiendo sus viajes. 
La maravillosa China lo recibía constantemente en Shanghai, con viajes más fascinantes. Cuando se desató la Segunda Guerra, el puerto de Shanghai sirvió para esconderlo, ya que los japoneses se lo querían apoderar.
Para evitar esto fue desmantelado a fines de junio de 1943 por los mismos italianos. 
Pero los japoneses consiguieron el objetivo: lo restauraron, lo convirtieron en navío de guerra y lo rebautizaron como “Kotobuki Maru”, transformado la nave que había escrito cientas de historia en un portaaviones. 

Un año más tarde un Bombardero estadounidense B-24 no tuvo piedad del otrora Conte Verde, dándole un certero misilazo y enviándolo para siempre al fondo del mar…


1 comentario:

  1. Notable post del amigo Castillo que nos lleva a bordo de este lujoso "Cruceros en Uruguay" desde las monarquias europeas hasta las glorias uruguayas, desembarcarnos en nuestro Puerto de Montevido para adentranos en el magico Estadio Centenario

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