viernes, 2 de marzo de 2012

TURISMO DE CRUCEROS EN ALZA Y la nave va...(BRECHA.COM.UY)


TURISMO DE CRUCEROS EN ALZA

Y la nave va


ESCRITO POR: Ángeles Blanco

FUENTE:BRECHA.COM.UY  http://www.brecha.com.uy/inicio/item/9972-y-la-nave-va

Para una generación que –para bien o para mal– creció con la serie El crucero del amor, viajar en una embarcación de esas características remite a un imaginario de vacaciones tan lujosas como imposibles para el bolsillo promedio. Aquellas escenas edulcoradas en The Pacific Princess, con turistas bronceados y risueños tomando un cóctel bajo el sol o nadando en la piscina a la luz de la luna, parecían reservadas a un mundo inaccesible, o al menos sólo permitido en la pantalla.
Los tiempos cambian, y aquella fiesta ochentera y glamorosa sobre las aguas quizás ya no sea tan inalcanzable para el uruguayo (¿el "nuevo uruguasho"?) que ahora programa sus vacaciones con paseos por cubierta y veladas con cena show.

Actualmente, y contrariando todo pronóstico a priori, el turismo de cruceros es uno de los más pujantes en el mundo y casi una novedad para estos confines australes del continente. Tocar puerto en estas latitudes no era lo usual en la oferta recreativa de estas naves décadas atrás. Una situación que hoy parece superada: de noviembre a abril, a Punta del Este y Montevideo arriban unos 220 cruceros, e incluso se prevé para este año, por primera vez, la llegada a Sudamérica de un buque japonés de este tipo. Según explicó a Brecha la subsecretaria de Turismo, Liliam Kechichián, este movimiento turístico es el resultado de "un gran trabajo de la región, porque ningún crucero llegaría solo a Montevideo si no tocara Valparaíso, Viña del Mar, algún puerto brasileño y Buenos Aires".
Este esfuerzo conjunto entre países tiene su razón en las ganancias atendibles que, según cifras oficiales, genera el fenómeno. "En Uruguay, el año pasado bajaron 300 mil cruceristas entre Punta del Este y Montevideo, y dejaron unos 30 o 35 millones de dólares", comenta Kechichián, señalando que si bien la cifra podría resultar irrisoria al lado de los 2.000 millones de dólares que mueve el turismo por año, es necesario contemplar el gasto propio del barco en el puerto, una entrada de dinero que queda en el país a partir de la carga de agua o la compra de artículos tales como fruta, verdura y flores naturales. "Incluso se han estimulado algunos oficios, como por ejemplo el de afinador de pianos", explica Kechichián, aludiendo a los espectáculos musicales que suelen integrar la oferta recreativa de un crucero. A ello habrá que sumar todo lo generado por venta de tours por la ciudad, taxis y demás formas de transporte.
La Administración Nacional de Puertos registra el arribo casi diario de cruceros durante el verano. Uno de esos tantos días el borbollón humano entra, sale, espera la señal de un funcionario para cruzar al muelle, despliega mapas, toma fotos, comenta sobre unos arbustos que para el montevideano promedio tendrían la visibilidad de un protón, pregunta por el Graf Spee... no hay que ser muy perspicaz para aseverar que se trata de turistas "extrarregión", y que en este caso han venido en un buque con nombre festivo: Celebrity Infinity, una criatura metálica y mastodóntica que reposa en el agua con imponente indolencia. Una criatura que ha venido de lejos, a juzgar por la buena proporción de pasajeros de habla anglosajona, y que atracó en el puerto por unas 12 horas, las suficientes para que una pequeña multitud de extranjeros recorra la ciudad a piacere. Sólo durante los primeros 20 días de enero llegaron a Uruguay 26.700 turistas de estas características, es decir, procedentes de algún país distinto a Argentina, Brasil, Chile y Paraguay.
WALKING TOUR. "The city is so nice, and this... this is amazing!", explica Carol, mientras despliega en una pantalla portátil varias tomas de una parrilla rebosante de asado, chorizos, mollejas y todo ese arsenal cárnico que constituye nuestro más preciado botín gastronómico. Carol y Richard son de Nueva York, rondan la cincuentena y disfrutan intercambiando impresiones de su paseo a pie por la ciudad. Saben que Uruguay es un país de "spanish and italian inmigrants" y despliegan un interés amable y paciente para explicar lo que ya conocían de esta tierra y lo que sus ojos han registrado con avidez. Entiendo que un juego de comparaciones resulta útil para el intercambio cultural, especialmente cuando de Artigas y de gauchos se trata. "He's Artigas, our procer..., like George Washington for you, I suppose", trato de explicar mientras Carol continúa desplegando imágenes de la plaza Independencia, y una nueva comparación ("like cowboys!") asoma ahora cuando las imágenes dan cuenta de una visita entusiasta al Museo del Gaucho.
De optar por un paseo a pie por la ciudad, turistas como Carol y Richard tienen la opción de seguir un itinerario sugerido por el Ministerio de Turismo y distribuido gratuitamente como folleto. Lo que se ofrece allí, en colores y buena impresión, es un recorrido por museos, plazas, cafés y edificios históricos que comienza en la calle Yacaré y se extiende hasta la plaza Independencia, incluyendo el tramo de la peatonal Sarandí. Un recorrido por ese itinerario, al menos en sus primeros metros, da cuenta de la presencia policial turística sostenida, y de cierto esmero en la prolijidad de las calles que ya se quisiera para el resto de la ciudad (de hecho una pareja de turistas israelíes ponderaba esa inesperada virtud de la ciudad en charla con esta cronista). Un pequeño tumulto y algunas lamentaciones en lengua extranjera motivan de pronto la intervención policial, pero contrariando una primera y prejuiciosa impresión, no es un hurto sino el extravío de un turista lo que concita la atención. Mientras tanto, la oferta de los comercios establecidos o callejeros es la esperable, e incluye los infaltables mates, prendas de cuero y recuerdos alusivos al tango y al candombe. Una turista explica entonces algo sobre el "green tea" que los uruguayos toman "all the time" mientras le acerca a su amiga una bombilla reluciente. No muy lejos de allí, una reliquia sonora deja escapar algunos acordes en dos por cuatro, dando la estocada final para completar una imagen casi de puesta en escena de la ciudad para el turista.
Algo importante en toda esta apuesta al turismo "crucerista" es la posibilidad, a partir de este año, del embarque de pasajeros en nuestro país. Se trata de una nueva opción para el turista que desde ahora puede llegar en avión a Montevideo para tomar aquí su crucero, y no en Argentina o Chile, tal como se tenía acostumbrado hasta el momento. "Esto hace que la persona esté en Uruguay uno o dos días antes del embarco, lo cual implica un movimiento hotelero y gastronómico", explica Kechichián. Esta experiencia incipiente se practica con la empresa Costa Cruceros y representa, según estimaciones, una propuesta atractiva para muchos uruguayos que desde ahora planean sus vacaciones en crucero sin necesidad de trasladarse a ciudades vecinas para embarcar.

CUESTIÓN DE PESOS. Y al tiempo que los extranjeros llegan en crucero, los uruguayos también hacen lo propio partiendo hacia la cálida promesa de las playas brasileñas. Una larga fila de compatriotas, en buena medida adultos que superan los 50 años (tal el perfil más o menos recurrente del turista "crucerista"), espera junto a sus valijas el embarque en el Costa Victoria. Mientras algunos se despiden de parientes y amigos, otros se animan a la aventura en familia, junto a hijos y nietos. Y si en el muelle del Celebrity Infinity la principal razón para tomar un crucero era la "comodidad" de visitar varias ciudades sin tener que mover el equipaje, aquí, entre los turistas locales, el mayor atractivo de la novedad está en su relación costo-beneficio y en la posibilidad de embarcar en Montevideo. Algunos explican que la propuesta del crucero (una semana visitando distintos balnearios brasileños) es más conveniente "que alquilar un hotel en Punta del Este o ir a Florianópolis", al tiempo que otros niegan enfáticamente un gasto mayor del uruguayo promedio en ocio y recreación, y alguna otra señora justifique "darse el gusto" porque estas son las primeras vacaciones de su esposo en años.
De acuerdo a Carlos Pera, integrante de la empresa Aeromundo, representante de la naviera Costa Cruceros, la demanda de los uruguayos por este tipo de propuesta turística ha cubierto todas las expectativas. Aun con el antecedente sombrío del Costa Concordia encallado frente a la isla de Giglio (y más reciente todavía, el incendio en el Costa Allegra), las reservas de pasajes de los uruguayos no han mermado, si bien la inquietud motiva preguntas más que lógicas sobre la seguridad del barco. Más allá de ese lastre, entonces, el interés creciente de los compatriotas respondería a una ecuación comercial conveniente. "El crucero es el producto turístico que más crecimiento está teniendo hoy en el mundo", explica Pera, argumentando que, al propiciar la tecnología barcos cada vez más grandes, que permiten un mayor transporte de pasajeros, los gastos fijos resultan menores y las tarifas se reducen notablemente. Entre las ventajas del crucero, Pera señala su doble condición de medio de transporte y centro de alojamiento, y el servicio de ocho comidas diarias, shows en vivo, piscinas, yacuzzi, sauna. En alta temporada la tarifa por un recorrido tipo llega a los mil dólares, mientras que en baja temporada el precio ronda los 500, financiables hasta en 12 cuotas. Según datos manejados por la empresa, se calcula un embarque de 210 uruguayos por crucero, estimándose un total de nueve salidas desde Montevideo para este verano.
Lejos entonces del estereotipo de turista millonario, algunos uruguayos pertenecientes a esa categoría tan porosa de la llamada "clase media" parecen programar hoy sus vacaciones en la novedosa comodidad del crucero. Harina de otro costal será cotejar si la fantasía que envuelve el vocablo "crucero" se sostiene en los hechos o perdurará, únicamente, en la tramposa realidad de la pantalla.

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